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| Durante los comienzos de nuestra relación |
Le doy las gracias a Dios por haber utilizado sus talentos para introducir un servicio tan extraordinario! Es un servicio útil que le permite a las personas que comparten la misma fe compartir y acercarse cada vez más a la amistad con Dios y a su amor. Muchas cosas me vinieron a la cabeza mientras visitaba por primera vez este servicio. Parecía ser muy interesante. Era curioso ver de qué se trataba. Era algo positivo poder acercarse más a Dios. Pensé que me ayudaría a crecer en mi fe y también a conocer personas que me ayudarían a crecer en mi fe, en lugar de quitarme las ganas.
Como socia de Ave María Singles me sentí muy esperanzada al leer acerca de personas del sexo opuesto con intereses y valores parecidos. Era muy difícil para mí encontrar este tipo de hombres en mi área. Conversé algunas veces con un hombre en particular. Me sentía cómoda conversando con él. Parecía ser bueno para escuchar y me daba sabios consejos. Como resultado de algunas circunstancias no resueltas dejamos de escribirnos. Pasaron unos cuantos meses, ¡y me volvió a escribir! Fue como si Dios supiera exactamente cual era el mejor momento. Esta vez yo estaba más dispuesta a abrirme en la relación. Me di cuenta que él tenía algo muy especial. Teníamos muchas cosas en común. Ambos estábamos tratando de hacer la voluntad de Dios en nuestras vidas. Pude percibir el amor y pasión que él sentía por Dios y me di cuenta que este hombre era alguien que Dios estaba llamando a formar parte de mi vida. A pesar que vivíamos tan lejos el uno del otro, decidimos seguir el plan de Dios y de hacer lo que fuera necesario para mantener viva nuestra relación.
Luego de dos meses de conversaciones telefónicas y de mensajes electrónicos finalmente nos conocimos en persona. Fue un momento que nunca olvidaré. Él era todo lo que yo esperaba y mucho más. Desde ahí hemos visitado nuestras respectivas familias, hemos viajado para vernos y nos hemos robustecido en nuestro amor el uno por el otro. No hemos perdido de vista el propósito principal de todo esto (el de desarrollar un amor puro centrado en Dios) y hemos sentido su guía y orientación sobre nuestras cabezas. Él nos guía con cuidado a través de este viaje de amor. Nuevamente gracias, desde el fondo de mi corazón.
En mis oraciones,
Filomena
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| De Novios |
Christopher y yo comenzamos a escribirnos en febrero de 1999 a través de e-mails y de algunas llamadas. Ambos estábamos contentos con la nueva amistad, pero perdimos contacto. En aquella época me parecía que la distancia que nos separaba entre Filadelfia y mi hogar en Nueva Jersey era demasiada para empezar una relación. Yo marqué en mis preferencias conocer a socios que vivieran cerca de mí y no pensaba nunca cambiar de opinión. Pensé que Filadelfia estaba muy lejos, no sabía lo que el futuro me deparaba… Algunas cosas estaban ocurriendo en nuestras vidas que me hacían pensar que me hacían sentir que no estaba lista. Hablé con él otra vez en mayo, pero yo aún no estaba lista. Dios plantó la semilla, pero esta tomó un tiempo en crecer. Muchos meses después, en agosto de 1999 recibí un mensaje sorprendente de Christopher. Era corto e iba al grano, contándome que se había recibido de abogado y viajado a Luisiana para el examen de grado, además que había aceptado un destino con la Marina americana. Fueron buenas noticias ya que yo pensaba en él cada cierto tiempo. Le escribí de vuelta y le conté lo que estaba ocurriendo en mi vida. Luego de varios correos, me envió una foto de él que llenó mi pantalla y sentí ganas de conocerlo. Finalmente nos hablamos nuevamente por teléfono y supe en ese instante que este hombre era muy especial. Él me escuchaba, me hacía reír y teníamos tantas cosas en común. Poco a poco nos dimos cuenta que nuestra relación era muy especial.
Nuestra relación empezó a desarrollarse y esta vez no nos perderíamos más. La semilla del amor empezó a desarrollarse. Por supuesto, yo empecé a preguntarme cómo desarrollar una relación de larga distancia. Luego de mucha oración, le escribí a Anthony Buono para recibir consejo. Sus sabios consejos fueron la respuesta a mis oraciones. Lo conocí en persona. Fue un momento que nunca olvidaré y que muchas veces recreo en mi mente. Estaba con su uniforme azul, supe inmediatamente que era él. El primer lugar que quería visitar era mi clase de segundo grado. Después de eso salimos para tomar un café. Si bien yo estaba nerviosa, una sensación de tranquilidad y de bendición me invadió. La cena italiana de mi madre nos estaba esperando, así es que lo llevé a casa a conocer a mis padres. Fue una noche maravillosa, mis padres lo adoraron. Me pidió que fuera su novia esa noche. Sentí que Dios estaba dirigiendo nuestros pasos. Luego de muchos viajes de Nueva Jersey a LA, tuve la oportunidad de conocer a su familia y a sus amigos. Estábamos listos para dar el gran paso. Un paso que cambiaría nuestras vidas para siempre. Chris recibió la noticia que lo enviarían con destino a la costa del golfo del Mississippi, a una hora de su hogar en Luisiana. Ambos decidimos luego de mucho orar que queríamos asumir el riesgo de nuestra relación. Mis padres anticuados y preocupados porque nunca había vivido lejos de casa, no comprenderían hasta mucho más tarde. Así es que en junio del 2000, me mudé a la costa del golfo, a un pequeño apartamento que quedaba tan sólo a 20 minutos de distancia de Chris. El puesto de profesora que había pedido me estaba esperando y Chris se había establecido allí dos meses antes. Mudarme fue lo mejor para mí. En un año aprendí mucho acerca de mí y acerca de la vida. Algunos momentos fueron difíciles, encontrarme lejos de mi familia y amigos, pero mi fe me ayudó a superarlo. Chris y yo pusimos muchos esfuerzos en nuestra relación. Estuvimos bastante ocupados y Chris tuvo que viajar por cuestiones de trabajo. Sin embargo logramos ir a Misa todos los domingos. Hablamos con dos sacerdotes para tener una guía espiritual, leímos libros acerca del matrimonio y rezamos juntos. Hablamos acerca de temas que nos afectarían en el futuro. Tuvimos siempre presente que Dios estaba al centro de nuestras vidas y de confiar en él siempre. Chris me propuso matrimonio el 4 de agosto del 2001. El planeó cuidadosamente una serie de actividades durante un fin de semana en Nueva Orleáns que desembocaron en la noche de la propuesta. Chris dijo que necesitaba ver el horario de Misa en la catedral de San Luis. Al acabar la Misa de vigilia decidimos entrar para rezar. Ambos nos arrodillamos y rezamos delante de la estatua de la Virgen Sagrada. Luego de algunos segundos él me preguntó por qué oraba. Luego dijo: “recé para que tú te casaras conmigo!, ¿te casarás conmigo?” Luego del susto que duró cinco segundos, dije que sí. Estaba tan dichosa. Ambos rezamos después de la propuesta y le dimos gracias a Dios. Le dijimos que nuestro amor es para su gloria ahora y por siempre. Nunca imaginamos que esto ocurriría cuando nos hicimos socios. He conocido al hombre que Dios me ha guiado a conocer, todo esto para crecer en santidad. El Señor alimenta la semilla que él plantó y Él sigue brillando en nuestra vida. Gracias Anthony, desde el fondo de mi corazón. Lo recordaremos siempre en nuestras oraciones. Usted brinda un servicio santo para católicos que realmente desean conocer a alguien con quien poder compartir el resto de la vida haciendo el trabajo de Dios.
En Cristo,
Filomena
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