| Bueno, pensé que lo último que haría para encontrar a un posible cónyuge era hacerme socio de una página web para solteros. Creí que sabía lo que estaba buscando en una mujer y una de las cualidades más importantes era que fuera una mujer católica, verdaderamente espiritual que viviera de acuerdo a su fe. Me pareció algo difícil de conseguir en las arenas conocidas de los solteros. El tema de la religión también era un poco delicado de abordar durante las primeras salidas y me preocupaba mi edad (que estaba avanzando y no retrocediendo…) Conocí este servicio en un primer momento gracias al canal católico EWTN y luego me lo recomendó un sacerdote. Escépticamente decidí probarlo pero nunca admití que realmente lo usaría.
Luego de buscar entre sin número de perfiles, encontré el de Stephanie. Debo confesar que lo primero que me impresionó fue lo bonita que era su foto. Leí su perfil completo y encontré en ella muchas cosas en común. De esta manera el primer mensaje dentro del servicio iba dirigido a ella y tenía dos frases de extensión, decía algo así como “Hola Stephanie, soy algo nuevo en esto y acabo de hacerme socio. Pienso que tenemos un montón de cosas en común, así es que si estás interesada, por qué no me escribes de vuelta. Pensé, “qué tonto es esto”…
Stephanie me respondió después de dos días. Después de dos semanas de comunicarnos por e-mail decidimos hablar por teléfono. Yo estaba en Pensilvania y ella en Georgia, así es que pensé que las cosas no llegarían muy lejos. Pero me encantaba hablar con ella y me di cuenta que teníamos mucho en común. Además pensábamos lo mismo acerca de las relaciones en el ciber espacio. No creíamos que podríamos llegar a conocer a alguien “normal”. Decidimos intercambiar nuestras fotos. Yo envié la mía inmediatamente. Ella se tardó 2 semanas y yo pensé que eso era una señal de que no estaba interesada. Finalmente las recibí el día que me disponía a escribirle diciéndole que sentía que ella solamente estaba interesada en una amistad. Bueno, nada más alejado de la realidad así es que decidimos conocernos en persona durante las vacaciones de Navidad. Yo me quedé un tiempo donde unos amigos que vivían cerca de donde ella vivía. Así tuvimos la oportunidad de salir más de una vez. Luego de pasar una semana cerca de ella supe que había conocido a alguien muy especial. Descubrimos tantas cosas que nos gustaban al uno del otro. Decidimos vernos el fin de semana siguiente en Pensilvania. Así empezamos una relación de larga distancia que duró 6 meses. Por la primera vez en mi vida sentí como si me hubiera enamorado. No pasaba hora del día sin que yo pensara en ella.
En un lapso de 6 meses logré convencer a mi empleador para que me transfiriera a Georgia, lo cual me acercaba de Stephanie. Algo me decía que ella era la elegida para mí, sin embargo quería pasar más tiempo cerca de ella antes de pedirle que se casara conmigo.
No es necesario decirlo, pero creo que Dios nos juntó.
David
|
| Dios pone a la gente en nuestro camino por alguna razón, en cierta estación y para toda la vida. Sólo tenemos que recordar que lo hemos rezado. Este servicio fue la avenida que Dios eligió para que yo conociera a David. Tal y como lo mencionó David, yo tampoco nunca pensé explorar una página web para católicos. Sin embargo conocer a un hombre verdaderamente católico y vivir una vida de acuerdo a esos valores era algo difícil de encontrar. Mi madre fue la primera en hablarme acerca de este servicio que había visto en un programa del canal católico EWTN. Tal vez estaba mirando el programa al mismo tiempo que David. Dave ya dio los detalles acerca de nuestros encuentros, nuestros e-mails y nuestros viajes. Con respecto a las fotos, yo no estaba aplazando enviarlas, sino que mi computadora se había estropeado y no podía encontrar ninguna foto para enviarles. Felizmente lo hice a tiempo. Tengo que ser honesta y decir que la primera vez que lo tuve frente a frente supe que este hombre era el hombre que Dios había puesto en mi vida por muchas razones, para todas las estaciones y sí, PARA TODA LA VIDA.
Stephanie
|
| Luego de pasar dos meses viviendo cerca de Stephanie todas mis esperanzas y todos mis sentimientos resultaron confirmados. Esta era la mujer con la que yo quería pasar el resto de mi vida. Así es que le compré un anillo de compromiso por mi cuenta con la esperanza de que le gustara. Tuvimos antes varias conversaciones acerca del matrimonio. Imagino que ella sabía que yo le propondría matrimonio, pero no sabía cuando. Yo tampoco lo sabía.
Decidimos pasar un fin de semana en la costa de Georgia, a finales de octubre del 2001. Yo supe que este sería el buen momento así es que le pedí su ayuda a algunos conocidos que teníamos en la playa. Luego de cenar el 24 de agosto salimos afuera para pasear a la luz de la luna llena que se reflejaba en el agua y le leí varios pasajes de la Biblia acerca del amor. Me incliné sobre una de mis rodillas y le pedí a Stephanie que se casara conmigo. Ella ya se había puesto a llorar nerviosamente. Saltó a mis brazos y me dijo: “Sí”. Le dije que esperara ya que iba a mostrarle el anillo. Ella dijo que aunque ella misma lo hubiera escogido no hubiera podido encontrar uno tan hermoso y le quedó a su medida perfectamente. Entonces toqué la canción: “Cuando le pides un deseo a una estrella” en el tocador de discos y en ese momento una carroza jalada por caballos con una pareja de recién casados dentro pasó delante de nosotros. Fue una velada espectacular y Stephanie dijo que sentía que los ángeles estaban bailando a nuestro rededor aquella noche.
David
|