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Querido Señor Buono:
Alguna vez alguien ha comprado algo en E-Bay?
Nuestro maestro de ceremonias, mi hermana y mi dama de honor Patricia empezaron el preámbulo a nuestra historia de amor, durante la recepción de nuestro matrimonio.
Me casé con Thomas Russell Pavlick, el 18 de mayo del 2003, en la Iglesia de la Sagrada Familia en Toronto, Ontario, Canadá, mi antiguo hogar. Mi luna de miel tuvo su cúspide al tener al Santo Padre, frente a frente el 29 de mayo del 2003, durante la audiencia general en la plaza de San Pedro, en Roma, Italia. Asistimos ataviados con nuestros trajes de boda. Éramos una más de los “sposi novelli” allí reunidos para recibir su bendición y felicitaciones personales.
Le cuento todo esto, ya que sin su maravillosa página web este cuento de hadas jamás hubiera sucedido. Me hice socia de Ave María Singles a finales de octubre del 2001. Tom se hizo socio el mes de julio precedente. Le escribí por primera vez a Tom el día de Todos los Santos (1º de noviembre y él me contestó al día siguiente) Nos escribimos dejando un día y cada nuevo e-mail confirmaba el sentido que teníamos que éramos el uno para el otro.
Conocerse y enamorarse de esta manera era mucho más emocionante que ningún tipo de cortejo que yo hubiera podido imaginar. “Más que besos, hay cartas y almas que se entremezclan” escribió el poeta John Donne y yo me siento privilegiada de poder dar fe de la verdad de esta declaración. Mi padre que observó el desarrollo de mi correspondencia con Tom llegó a la conclusión que el camino al matrimonio de AMS revertía los modelos ordinarios del cortejo: verse, sentirse atraídos, conocerse, conversar y eventualmente – no siempre – tener una conversación seria acerca de temas importantes. Mi padre se saca el sombrero ante usted por su inspiración de hacer que lo fundamental venga primero, preparando el terreno para un diálogo genuino.
Al leer el perfil de Tom me di cuenta que él se adscribía de todo corazón a la doctrina viva de la Iglesia católica y él pensó lo mismo acerca de mi perfil. Teniendo una base sólida como roca a nuestra relación, Tom y yo fuimos admitidos a todos las emociones que un romance conlleva. Descubrimos que tal y como Chestertom observa “el centro de gravedad es también el centro de la ligereza”. En contraste a ello, el Zeitgeist de hoy en día empuja a los núbiles a abandonar la ley moral para alcanzar el placer, la única pregunta a la cual conduce dicho camino es un ansioso “¿ya nos estaremos divirtiendo?”
Tom y yo empezamos a hablarnos por teléfono hacia finales de noviembre. Ninguno de los dos olvidará nuestra emoción al oír nuestras respectivas voces por primera vez y de cómo hablamos hasta el amanecer. Decidimos conocernos en Seattle, el hogar de Tom. Entre mediados de diciembre y poco después del año Nuevo nos comprometimos oficialmente.
Algunos de nuestros amigos estaban sorprendidos y bastante inseguros de qué pensar acerca del rapidísimo desarrollo de nuestro cortejo, pero cuando se dieron cuenta que cada una de nuestras cartas equivalía a una salida de tres horas, llenas de un intercambio sincero, sus dudas desaparecieron.
Nosotros creemos que su página web ha abierto una nueva perspectiva en cuanto a relaciones sentimentales se refiere y que los horizontes de esto son aún desconocidos. Me gusta decirles a los curiosos que Ave María Singles reemplaza a las reuniones en la Iglesia: un lugar donde aquellos que se sienten llamados a la vocación del matrimonio pueden buscar y ser alentados a convertirse en esposos siguiendo el ejemplo de Cristo.
Finalmente quiero expresar hasta qué punto creo que la mano de Dios estuvo presente en nuestro encuentro. Yo había escuchado de la existencia de Ave María Singles desde hacía dos años pero no me sentía segura que debía inscribirme hasta que por fin lo hice. Enviudé en 1998 y había recibido la bendición de un hijo de aquel excelente matrimonio. Fuera lo que fuera, sabía que mi hijo era mi primera prioridad y dicha tarea no dejaba espacio a salidas que me permitieran descubrir si era capaz de amar otra vez. Sin embargo sabía que si era la voluntad de Dios que yo me volviera a casar, entonces todos los obstáculos aparentes desaparecerían.
Eso fue exactamente lo que sucedió. Me presenté y me deje cortejar a diario por un hombre a miles de millas de distancia en Seattle – y todo sin que jamás yo tuviera que ausentarme de mi hogar – un hombre que antes de conocerme tenía a San José como su modelo de hombre. San José, padre adoptivo de Jesucristo, qué coincidencia. ¿O tal vez Dios nos estaría hablando?
De manera que he encontrado el amor y la alegría en la tierra una vez más con Tom que parece haber sido hecho a la medida mía y la de mi hijo. No puedo agradecerle lo suficiente por haber hecho posible que nos conociéramos – una verdad a la cual nuestros anillos de matrimonio hacen honor: ¡están grabados por dentro con nuestros números de socios en Ave María Singles!.
Queda de usted en Cristo,
Dana
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