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Estimado Anthony Buono:
Tengo en muy alta estima el que me haya ayudado a encontrar a mi futura esposa. Cuando vi el perfil de Renée, luego de rezar una novena más a San Rafael, me di cuenta que se trataba de alguien muy especial. Cuando me enteré que vivía en un Convento Carmelita (mientras trabajaba como enfermera en un hospital cercano) me acordé de una conversación que había tenido con un amigo cura, El Padre Chris Lockyer OMI, algunas semanas antes. Cuando le expliqué al padre el tipo de pareja que estaba buscando, el padre Chris me dijo que el único lugar donde podíamos encontrar ese tipo de mujer era en los estrictos conventos carmelitas. (Obviamente el padre nunca había visitado el web site de Ave María Singles) Si bien yo siempre disfrutaba sus comentarios perspicaces y su poderoso apoyo espiritual, al principio yo era un poco escéptico respecto a nuestros proyectos, principalmente debido a la distancia entre nosotros. Agradezco ahora el no haber dejado que mi escepticismo inicial, tomara el control de mis acciones, la perseverancia siempre cosecha sus frutos. No tardamos mucho tiempo en darnos cuenta cuán cerca estábamos el uno del otro, en todo excepto en cuanto al lugar. Mientras buscábamos maneras (incluyendo algunas sugerencias radicales) para compensar la distancia física, ambos resolvimos trabajar en fortalecer nuestro lazo espiritual a través de una comunión más íntima con Jesús. Si bien ambos estábamos consagrados a la Inmaculada Concepción desde hacía algunos años, decidimos renovar nuestros votos usando la fórmula de los 33 días de San Luis de Montfort, con el fin de consagrarle también nuestra amistad. Cuando llegó la fiesta del Santo Rosario, el 7 de octubre me di cuenta que estaba enamorado. A pesar que aún no nos conocíamos en persona, los frutos de la relación habían comenzado a mostrarse. Cuando finalmente nos conocimos en persona meses más tarde en Sudáfrica, el 9 de enero del 2002, me sentí como si estuviera volviendo a encontrar a una vieja amiga – excepto que me costó bastante reconocerla en un principio – hasta que vi la Rosa Mística que ella estaba cargando entre sus brazos. Nuestro primer beso, un beso en el cachete envió su sombrero volando y me hizo volar hasta Marte ida y vuelta. Las cosas acontecieron de manera muy hermosa. Para entrar en los detalles tendría que escribir un libro. Cuando regresó a EE.UU. al cabo de dos semanas en Africa, yo estaba tan triste. La cuaresma fue un tiempo muy difícil para ambos y para nuestra relación, sin embargo surgimos triunfantes de dicho Vía Crucis, coronado por nuestro reencuentro durante la Pascua, en Estados Unidos. Si bien, yo había resuelto pedir su mano en matrimonio, no deseaba que mis intenciones fueran obvias, antes de conocer a la familia y de tener una conversación con su padre. Las cosas tuvieron lugar de acuerdo a mis planes, hasta el día de nuestro compromiso, el 28 de abril, 4º Domingo de la Pascua y también la Fiesta de San Luis de Montfort. Debido a que pasé la noche en mi habitación encerrado (no podía dormir) me levanté tarde y mis planes de pedirla, después de la misa en latín, en la capilla de Sta. Filomena en Miami casi se fueron al agua. Para compensar nuestra tardanza, sugerí que rezáramos una oración de agradecimiento prolongada. Por supuesto, yo no estaba únicamente agradeciendo, pero haciendo una petición a Nuestra Señora y a Sta. Filomena también para que meden su guía y ayuda. Mientras tanto Renée, estaba invocando en silencio a San Juan de Vianney (¿o era al Santo Padre Pío X?) probablemente ignorante de los acontecimientos tan emocionantes que yo estaba contemplando. Me acerqué al Padre en la sacristía para pedirle que bendiga el anillo de compromiso. Después que bendijo el anillo con agua bendita y que le hizo la señal de la cruz, le di las gracias y volví donde Renée, me arrodillé en el apoyo frente a la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Luego de un par de Ave Marías y de unas cuantas súplicas por asistencia divina, le di un ligero codazo a Renée para luego pedirle que fuera mi esposa. Renée estaba sorprendida y hubo un largo silencio –más tarde me confesó que ella estaba rezando unos cuantos Ave Marías (pidiendo fortaleza y coraje) Finalmente mi querida amada aceptó graciosamente mi propuesta, y el anillo, que para mi mala suerte era tres tallas más grande. Esa noche en la reunión de la familia Catino, que se duplico con motivo de nuestro compromiso, Renée tuvo que usar el anillo con un pedazo de yeso para que no se le caiga. Bueno, los hombres también tienen derecho de equivocarse. Afortunadamente, cuando la abuela de Renée, una mujer italiana muy interesante se lo probó, le quedó perfectamente para sorpresa de todo el clan Catino. Con el sello de aprobación del matriarcado, todo iba de viento en popa. Por supuesto que yo deseaba la aprobación de otras personas empezando por el Padre Pío. Habíamos planeado encontrarnos en Roma el día de su canonización, el 16 de junio, desafortunadamente, mi vuelo desde Sudáfrica se atrasó y no pudimos llegar al Vaticano a tiempo para la ceremonia. Renée demostró claramente su capacidad para el amor sacrificado, esperándome en el aeropuerto alegremente, a pesar de su profundo deseo de ver al Padre Pío glorificado por la Iglesia Universal. Este desconcierto inicial fue recompensado con creces durante el resto de nuestra peregrinación a través de Italia incluyendo San Giovanni Rotondo (donde escuché una conferencia de patología en la casa de Sollievo de la Sofferenza. Avelino (el lugar donde descansa Sta. Filomena) Lanciano (el milagro eucarístico) Loreto (la casa Sagrada) Asís y un regreso a la capital eterna y a nuestros respectivos hogares. Ahora estoy aguardando lleno de una gran expectativa nuestra unión dentro del sacramento sagrado del Matrimonio que será el 7 de octubre, Fiesta del Santo Rosario.
Queda de usted,
Rory
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